La Iglesia Como Edificio De Dios?

La Iglesia Como Edificio De Dios
Mateo 16.18 En el Nuevo Testamento la iglesia es descrita como un edificio, el templo en que habita Dios, es decir se la compara con un edificio, de hecho la palabra ‘edificar’ proviene de ‘edificio’.

¿Qué significa la palabra edificio de Dios?

La iglesia es el edificio de Dios, el cual está compuesto por Dios mismo como el material divino mezclado con el hombre como el material humano.

¿Qué significa que la Iglesia es la casa de Dios?

El templo es la casa de Dios

  • De la Primaria a casa
  • “Las ordenanzas y los convenios sagrados disponibles en los santos templos hacen posible que las personas regresen a la presencia de Dios y que las familias sean unidas eternamente” (“La Familia: Una Proclamación para el Mundo”).
  • Puedes usar esta lección y esta actividad para aprender más en cuanto al tema de la Primaria de este mes.

¿Qué sientes cuando ves la belleza del templo? ¿Vienen a tu mente las palabras: “Me encanta ver el templo; un día ir podré”? A veces, cuando los niños cantan la canción “Me encanta ver el templo”, tienen el deseo de ir al templo algún día, pero no comprenden por qué tenemos los templos, lo que ocurre dentro de un templo ni lo que ellos deben hacer para poder entrar en él.

Investiguemos un poco más sobre el templo. El Señor dijo: “edificad una casa a mi nombre, para que en ella more el Altísimo” (). El Espíritu del Señor mora en Sus templos. El templo es la casa de Dios. Es un lugar donde hacemos convenios (o promesas) con el Padre Celestial. Si cumplimos con nuestros convenios, podremos volver a vivir con Él.

Todos se deben bautizar para regresar al Padre Celestial. Muchos de los hijos del Padre Celestial murieron sin ser bautizados. Después de que cumplas 12 años, puedes bautizarte en el templo por esas personas para que ellas puedan tener las mismas bendiciones.

  1. En el templo también recibimos una investidura, o regalo.
  2. Ese regalo es la promesa de que, si guardamos los mandamientos, podemos tener la vida eterna.
  3. En el templo, un esposo y una esposa se pueden sellar como familia por el tiempo de esta vida y por la eternidad.
  4. Eso significa que si se mantienen dignos, estarán casados para siempre y estarán con sus hijos como una familia eterna.

Todo lo que se hace en el templo se lleva a cabo por el sacerdocio o autoridad de Dios. Para entrar en el templo debes tener por lo menos 12 años; tienes que haberte bautizado y haber sido confirmado; debes creer en el Padre Celestial y en Su Hijo Jesucristo; debes creer en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días; debes vivir los mandamientos del Padre Celestial.

  • Tu obispo o presidente de rama te entrevistará para asegurarse de que eres digno de entrar en el templo y recibirás una recomendación para el templo que deberás mostrar allí.
  • Tener una recomendación significa que estás viviendo de la manera que debes para poder entrar.
  • Al mantenerte en el camino que te lleva al templo, estarás preparado para ir allí a que ” el Espíritu Santo y orar.

Pues el templo es Casa del Señor, lugar tranquilo y bello”. Notas

  1. “Me encanta ver el templo”, Canciones para los niños, pág.99.
  2. “Me encanta ver el templo”, pág.99.

: El templo es la casa de Dios

¿Qué dice Jesús de la Iglesia?

La revelación – Cuando Jesús estableció Su Iglesia, Él instruyó y dirigió personalmente a los líderes de ella mientras que Él, a su vez, recibía instrucciones de Su Padre Celestial. (Véase Hebreos 1:1–2 ). Por consiguiente, la Iglesia de Jesucristo era dirigida por Dios y no por el hombre.

  1. Jesús enseñó a Sus seguidores que la revelación era la “roca” sobre la que edificaría Su Iglesia (véase Mateo 16:16–18 ).
  2. Luego de Su resurrección, y antes de ascender a los cielos, Jesús les dijo a Sus apóstoles: “yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” ( Mateo 28:20 ).
  3. Fiel a Su palabra, continuó guiándoles desde el cielo; envió al Espíritu Santo para que fuera para ellos un consolador y un revelador (véase Lucas 12:12 ; Juan 14:26 ).

Él le habló a Saulo por medio de una visión (véase Hechos 9:3–6 ); le reveló a Pedro que el Evangelio se debía enseñar a todo el mundo y no solamente a los judíos (véase Hechos 10 ); y le reveló a Juan muchas verdades gloriosas, las cuales se encuentran escritas en el libro del Apocalipsis.

¿Quién edifico un templo para Dios?

¿Por qué el rey Salomón construyó el templo de Dios? – El templo del rey Salomón fue el primero que construyeron los israelitas para honrar a su dios, según cuenta la Biblia. También es donde se dice que el pueblo judío guardó la mítica Arca de la Alianza que contenía los 10 mandamientos.

¿Quién edifico el templo de Dios?

Breve esbozo histórico – El proyecto de construcción del Templo de Jerusalén estaba pensado desde el tiempo del rey David. No fue hasta el reinado de Salomón donde la edificación se llevó a cabo en el año 952 a.C. Esta construcción estuvo marcada por el arte fenicio ya que, por petición del rey, trabajaron en el proyecto.

Esta obra fue destruida entre los años 510-515 bajo la hegemonía del imperio babilónico, y fue reconstruida en el período post-exílico. En el reinado de Herodes el Templo fue totalmente remodelado, era el año 20/19 aC. La Biblia fundamenta que Salomón recurrió al rey Hiram, de Tiro, para que fuese el arquitecto y guía de la obra.

También pidió ayuda a sus servidores porque –según argumentó- no había nadie en Israel que sepa talar los árboles como ellos. Salomón enviaba grupo de trabajadores al Líbano por períodos de un mes, de manera rotativa. (1 Rey 5) Este Templo pasará a ser el más famoso en la historia de Israel.

¿Cuál es el rol de la Iglesia?

La Iglesia como espacio sagrado de encuentro – Nos proponemos entregar algunas pistas para comprender mejor la realidad de la Iglesia como “sacramento o signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano” (LG 1), es decir, como espacio sagrado de encuentro,

  • En primer lugar aclaremos que cuando hablamos de espacio sagrado aludimos a aquella o aquellas realidades que refieren al fundamento trascendente de toda criatura que es además condición de posibilidad de toda existencia.
  • Espacio sagrado es, en un sentido muy básico, aquel lugar o situación que permite al hombre experimentar su condición de criatura y de esencial dependencia, a partir de la experiencia todavía anterior de Aquello que es “absolutamente inaccesible”, pero del cual a la vez dependo radicalmente ( 1 ).

Y cuando hablamos de espacio de encuentro no nos referimos a un espacio mensurable y geométrico, sino al espacio originario “de lo que está a la mano” ( 2 ), de lo familiar. Es aquella “zona” en donde encuentro las cosas, en donde ellas se acercan y son “útiles” para mí.

  1. Y en cuanto sagrada, esa zona se hace teofánica en tanto que signo de la divinidad, remite al fundamento y expresa lo trascendente.
  2. Decimos esto para focalizar el tema de la Iglesia, no principalmente en los aspectos espaciales externos (templo, lugares), sino en su constitución fundamental, como “acontecimiento institucional” de encuentro.1.

LA IGLESIA COMO ESPACIO SOCIAL DE LA FE Si recurrimos a algunos aspectos de la teoría de la acción comunicativa ( 3 ) podemos afirmar que la Iglesia es “el espacio social” de la fe. En efecto, toda acción en donde los hombres intentan entenderse entre sí, a pesar de todos sus límites y fallos, supone una estructura comunicativa que permita tal comunicación.

Entraña un consenso mínimo que permita esa comunicación: objetivos comunes, expectativas compartidas, y el supuesto fundamental de que se desea y se es capaz de comunicarse. En ese sentido todo acto comunicativo supone una comunidad de comunicación “ideal” como condición de posibilidad trascendental para tal comunicación ( 4 ).

A la luz de eso, en un primer nivel de comprensión, podemos concebir a la Iglesia como ese espacio “ideal” que permite la fe y el encuentro con Dios. Ahora bien, este espacio social mediador supone algo común entre los sujetos comunicantes, un medio de coincidencia que no se identifique sin más con esos mismos sujetos, que a su vez son diversos entre sí.

Supone entonces “un ‘medio’ social diverso de ellos, relativamente autónomo y capaz de conciliarlos entre sí” ( 5 ). Sin embargo, este medio social no se da con total independencia de los sujetos, sino que se realiza como su expresión objetivada, mediante el lenguaje. La comunidad es el resultado de la interacción de las personas, pero a la vez, es el espacio posibilitador de esa misma interacción y comunicación.

De ahí que se pueda afirmar que la comunidad es algo más que la suma de sus miembros. Podemos afirmar entonces que la Iglesia como comunidad de fe ha surgido de la acción del Espíritu y de la respuesta de fe de los hombres, pero a la vez, es el supuesto teológico de la fe, y por lo tanto, posee “una prioridad relativa ante los distintos creyentes” ( 6 ).

  1. En efecto, así como la comunicación interhumana se realiza en referencia a una comunidad de comunicación universal, así también la comunidad de los creyentes se constituye en referencia al reino de Dios presente germinalmente en la Iglesia (cf. LG 5).
  2. Ahora bien, este espacio social de la fe es el mismo Pueblo de Dios, todos los bautizados, que realizan de una manera común los diversos modos existenciales de la fe común.

Es la forma institucional-sacramental de la Iglesia y las diversas formas sociales de vida que plasman el modo de vida creyente. Todo ello nace como expresión objetivada de la fe individual, pero a la vez es más que ella y es anterior a la fe de cada individuo: le es transmitida a cada generación desde el inicio, salvando con ello la identidad y la integridad de la fe y por lo tanto de la “res” a la que ella apunta: el Dios revelado por Cristo.

  • Así pues, la Iglesia como espacio social de la fe es mucho más que la simple reunión de los creyentes.
  • Como espacio “vital” de la fe, ella está dada constitutivamente en cada realización personal, en cuanto sacramento de la presencia y acción de Cristo y del Espíritu, y por lo tanto, “como fundamento de posibilidad de la fe personal y comunitaria” ( 7 ).

La Iglesia transmite a cada creyente la fe común y la articula en cada uno de ellos a modo personal y comunitario, en cuanto espacio de encuentro con el Dios revelado por Jesucristo. Eso significa que la Iglesia es sacramento, es decir, signo e instrumento de comunión con Dios y los hombres.

Veamos ahora los fundamentos teológicos de estas afirmaciones.2. LA ENCARNACIÓN Y LA SACRAMENTALIDAD DE LA CREACIÓN Con la encarnación del Verbo, Dios ha entrado en la historia espacio-temporal de la humanidad de una manera escatológica, es decir, universal y definitiva. Esa fue la pretensión inaudita de Jesús (cf.

Lc 14, 26; 17, 20s; Jn 14, 6) y la convicción de la primitiva comunidad cristiana, desde sus mismos orígenes, al reconocer que “el Señor crucificado y resucitado, es de forma definitiva y absoluta la norma y la medida de la historia” ( 8 ). Jesús es entonces ­en palabras de Rahner­, el Salvador absoluto,

Es decir, es “aquella personalidad histórica que, apareciendo en el espacio y el tiempo, significa el principio de la autocomunicación absoluta de Dios que llega a su fin, aquel principio que señala la autocomunicación para todos como algo que acontece irrevocablemente y como inaugurada de manera victoriosa” ( 9 ).

Sin embargo, “no puede ser simplemente Dios como el actor mismo que obra en el mundo; debe ser un trozo del cosmos, un momento de su historia y, además, en su punto cumbre” ( 10 ). Significa tanto la autocomunicación misma, como su aceptación. Por eso el dogma cristológico afirma que “Jesús es verdaderamente hombre, verdaderamente un trozo de tierra un momento en la historia natural humana, pues ‘nació de una mujer’ (Gál 4, 4)” ( 11),

  1. Es el absolutum que ha devenido concretissimum,
  2. Ahora bien, si la Palabra del Padre se ha revelado de manera definitiva y universal cuando ha devenido un concretissimum situado histórica y temporalmente, entonces lo histórico, temporal y concreto ­lo finito­, ha llegado a ser lugar y medio de salvación,

Esto nos invita a reconocer que la realidad creada, y los hombres en particular, pueden ser, en cuanto signos y también como instrumentos, mediación de Dios, sacramento de su presencia. La humanidad ha quedado “sacralizada” con la encarnación. Dios se compromete verdaderamente con nuestra finitud, la asume como suya, la salva y la hace definitivamente espacio de salvación,

  1. Esto se puede ver de modo especial en las palabras de Mt 25, 40: “Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis”.
  2. Jesús mismo reconoce a cada una de las acciones corpóreas materiales, gracias al amor que ellas reflejan, un peso infinito, ya que el mismo Verbo encarnado se encuentra presente de algún modo en cada ser humano ( 12 ).

La humanidad entera es sacramento de Dios y “espacio” de encuentro con él ya que ha sido creada y redimida por el Verbo que asumió carne. En efecto, “el Hijo de Dios, con su encarnación, se ha unido, en cierto modo, con todo hombre y el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, de un modo conocido solo por Dios, se asocien a este misterio pascual” (GS 22).

Sin embargo, “Dios que cuida paternalmente de todos, ha querido que todos los hombres formen una única familia haciendo de uno todo el linaje humano” (GS 24). Por eso mismo “quiso santificar y salvar a los hombres no individualmente y aislados, sin conexión entre sí, sino hacer de ellos un pueblo” (LG 9).

Asimismo la promesa del reino definitivo es participación en el banquete de bodas del Cordero, en donde todos seremos “uno en Cristo” (Gál 3, 28). De modo que no solo cada “individuo”, sino la humanidad como tal, es decir, en cuanto familia de Dios y comunión, ha quedado constituida en cierto modo, en sacramento del encuentro y espacio de salvación.

  • Es la “Iglesia universal” a la cual pertenecen “todos los justos, desde Adán, desde el justo Abel hasta el último elegido” (LG 2).3.
  • LA IGLESIA EN CUANTO AL SACRAMENTO DE SALVACIÓN Y CUERPO DE CRISTO Ahora bien, este elemento concreto y espacial que es esencial a la revelación cristiana implica de por sí el recurso a la Iglesia, “espacio social” de encuentro con Dios y salvación “a la mano”.

Efectivamente, la universalidad y definitividad de la salvación traída por la figura histórica y espacialmente delimitada de Jesucristo, encarnado, muerto y resucitado, como mediador visible y sensible entre Dios y los hombres, implica que esa misma salvación y ese mismo mediador deben continuar presentes y actuantes en la historia humana presente y futura, también de un modo visible y sensible ­espacial y temporalmente delimitado­ hasta el fin de los tiempos.

  • Así pues, a partir de la encarnación del Verbo, la salvación ha quedado marcada por este principio encarnatorio, de tal manera que siempre la salvación de Dios llega a través de mediaciones categoriales que explicitan la entrega trascendental de todo hombre a Dios.
  • La Iglesia está entonces constituida como presencia permanente de Cristo, para mediar en la entrega de todos los hombres a Dios, a través de Cristo.

Justamente, “la Iglesia es el acontecimiento de la actualización de Jesucristo y de su salvación definitiva para los hombres” ( 13 ). Esto “significa que la salvación ofrecida por Dios en Jesucristo y en el Espíritu Santo se nos da como tal en el signo finito y pecador de la Iglesia” ( 14 ).

  1. Todo lo que Dios realizó en Jesucristo para nosotros, se hace presente y actual hoy por la fuerza del Espíritu Santo en los actos centrales de la vida de la Iglesia.
  2. Cristo no se ha retirado del mundo después de su ascensión a los cielos, sino que sigue presente, a través de su Espíritu, en la Iglesia.

Es en la misma creación en donde nos encontramos con el único Absoluto. Y todo esto a pesar de que los actos centrales de la vida de la Iglesia que hacen presente a Cristo están también siempre marcados ­en un sentido ahora negativo­ por la finitud humana, de modo que la salvación no se identifica sin más con esos actos.

  1. Pero ellos son ciertamente aptos para actualizar la plenitud del amor salvador de Dios en Jesucristo, aunque de modo imperfecto, por su figura finita, humana y pecadora.
  2. La Iglesia hace presente la salvación de Jesucristo totum, sed non totaliter,
  3. Y en ese sentido, la Iglesia es también revelación de Dios en su trascendencia: La Iglesia es Iglesia y no Dios, es medio y no fin.

Todo esto es lo que el Concilio Vaticano II ha querido afirmar cuando ha declarado que Cristo constituyó a su Iglesia como sacramento universal de salva ción (cf. LG 1; 48; 59). En efecto, en el núcleo de la relación del hombre con Dios está el elemento histórico y social, de modo que esa relación tiene un elemento perceptible, histórico y concreto ­espacial­ en el cual y a través del cual se realiza la definitiva autocomunicación de Dios al hombre en Cristo, y la respuesta del hombre a Dios.

  1. Por lo tanto, hay que decir que la Iglesia pertenece a la historia de la salvación, no solo como una organización religiosa útil cualquiera, “sino como la concreción y mediación categoriales de la salvación gratuita” ( 15 ) realizada definitivamente en Cristo y el Espíritu Santo.
  2. Y eso es lo que entendemos por Iglesia en el sentido más profundo: la comunidad que “parte de Cristo y llega a mí con la exigencia y pretensión de ser la representación de Cristo en la historia perdurante de la salvación, que está acuñada por Cristo” ( 16 ).

De modo que hay que afirmar que Jesús propiamente no acabó con los “espacios sagrados”, llámense estos templo, lugares de culto, ritos, formas sociales, modos de vida, etc. Jesús solo los transformó y les dio renovada consistencia al dotarlos de una realidad ontológica nueva a partir de su propia corporalidad,

  1. Su encarnación constituye el núcleo de todo espacio sagrado, y todo espacio es sagrado en cuanto participa de la encarnación de Cristo.
  2. Esto ya lo vislumbró San Pablo al comprender la Iglesia como Cuerpo de Cristo y dotar así a la comunidad creyente de un concepto de esencial importancia para la auténtica comprensión de la realidad de la Iglesia.

El concepto de Cuerpo de Cristo ( 17 ) se puede considerar uno de los más maduros resultados de la reflexión neotestamentaria acerca de la Iglesia ( 18 ). Es el concepto paulino equivalente al de la vid y los sarmientos de Juan (Jn 15, 1-8); al edificio espiritual que se construye sobre la piedra angular que es Cristo y donde el sacerdocio santo ofrece su sacrificio a través del único sacrificio de Cristo (1 Pe 2, 4s; Heb 13, 15); a la esposa del Cordero (Ap 12, 2.9; 22, 17).

  • Esta noción representa, en el Nuevo Testamento, el elemento unificante del Pueblo con Dios.
  • La Iglesia es el Pueblo de Dios pero reconstruido ahora en Cristo y mantenido siempre en su relación a Cristo: “Todos somos uno en Cristo” (Gál 3, 28).
  • La Iglesia puede ser llamada aquí una personalidad corporativa a la cual cada bautizado pertenece, pero que como totalidad es más que la suma de sus miembros: es realmente el Cuerpo de Cristo.

Cada bautizado es incorporado en el único Cuerpo de Cristo por el único Espíritu cuya misión es “cristificar” (1 Cor 12, 12-27; 1 Cor 6, 15-17). A la luz de 1 Cor 10, 16-17 y 1 Cor 11, 27-29 en donde Pablo vincula la Iglesia, como Cuerpo de Cristo, a la eucaristía, cuerpo de Cristo, se puede afirmar que la Iglesia dice relación primeramente a Cristo, y no es simplemente consecuencia de nuestra inserción a él, sino que ella es anterior a nuestra entrada en Cristo.

  • La Iglesia, como Cuerpo de Cristo, nace de la entrega de Cristo por nosotros que ha quedado plasmada en su banquete eucarístico, al cual nosotros nos asociamos.
  • Lo que ocurrió a través del bautismo se acrecienta con una nueva fuerza a través de la eucaristía: insertarse en y ser Cuerpo de Cristo.
  • En síntesis, aquí se presenta la relación entre la Iglesia y Cristo como una profunda unión a través del Espíritu, a la cual se entra por el bautismo y se acrecienta con la eucaristía, que da a los miembros una igualmente profunda unión entre sí y que los obliga a hacer esa unión visible al mundo.

La Iglesia es entonces acontecimiento salvífico permanente, es decir, espacio de salvación. La reflexión posterior de Col-Ef, suponiendo lo anterior, mostró una nueva faceta de este Cuerpo de Cristo. Toma ahora a la Iglesia-Cuerpo como un todo, frente al cual está su cabeza que es Cristo (Col 1, 18; Ef 1, 22-23; 4, 15).

Cuerpo, entendido como la propia persona, pero en su capacidad de relación con los otros, muestra a la Iglesia-Cuerpo de Cristo como la presencia de ese mismo Cristo en su relación con nosotros. El cuerpo es lo que le permite al hombre relacionarse con su prójimo y con Dios. Así en la Iglesia, Cuerpo de Cristo, el propio Cristo está presente “para” nosotros.

La Iglesia es Cristo en medio nuestro y por lo tanto ella es lugar de salvación, medio de encuentro con Dios, espacio sagrado que liga con el fundamento. Y Cristo, como cabeza, conduce y da vida a su propio cuerpo para que sea lo que debe ser. Cristo es su fundamento imperecedero, su “principio” (Col 1, 18).

  1. Cabeza representa para la Iglesia a Cristo en cuanto regala sus dones y llena a la Iglesia de su plenitud (Ef 1, 23) y así todos sus miembros, a través de Cristo y en Cristo, son llenados con toda bendición y gracia.
  2. Pero además que la cabeza gobierne al cuerpo significa en realidad un servicio y una perenne preocupación de Cristo por su Iglesia como por su esposa (Ef 5, 22-23).
See also:  Soñar Con Edificio Que Se Tambalea?

La Iglesia como Esposa pasa a través del bautismo y deviene pura y radiante por el poder de la muerte de Cristo. Esto implica también un aspecto de reciprocidad y de estar frente a, de parte de la Iglesia. Además, el cuerpo puede alcanzar el cielo por su cabeza y así todos sus miembros son hechos hombres perfectos.

En Cristo el cuerpo alcanza el cielo (Ef 1, 20-22). De modo que la Iglesia es espacio de salvación en cuanto es acontecimiento de salvación y realización del encuentro con lo sagrado.4. LA IGLESIA COMO TEMPLO DEL ESPÍRITU( 19 ) Hemos afirmado que la Iglesia llega a ser Cuerpo de Cristo por obra del Espíritu Santo (1 Cor 12, 13).

Y de hecho, la comunidad primitiva, desde el inicio, tuvo una muy clara conciencia de haber recibido ese “poder de lo alto” (Lc 24, 49; Hech 1, 8) como primer fruto y prenda de la salvación, que la establecía como una realidad sobrenatural (Rom 8, 23; 2 Cor 1, 22; Ef 1, 13s).

Para la Iglesia apostólica la presencia del Espíritu Santo era una realidad de hecho y que constituía un dato de la máxima importancia, expresado en la gran cantidad de carismas existentes (1 Cor 12-14; 1 Cor 1, 7; Gal 3, 2-5; Rom 12, 6-8). En ese mismo sentido se entiende también la “preocupación” del Espíritu por la suerte de las iglesias en el relato de los Hechos: el Espíritu es el que llama, conduce, ordena y mantiene la acción de la Iglesia: Hech 5, 3.9; 9, 31; 15, 28; 20, 28.

La realidad de la Iglesia no puede ser entendida sin ese fundamento y donación desde lo alto por la acción escatológica de Dios (cf. Ez 36, 27; 1 Cor 3, 16s). Sin embargo, es Jesús el que “exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo prometido y lo ha derramado” a nosotros.

  1. Pentecostés es entonces la prueba de la llegada de los tiempos escatológicos (Hech 2; Jl 3, 1-5) y de la nueva alianza (2 Cor 3, 6-18).
  2. Es decir, solo es posible hablar del pueblo escatológico de Dios si y cuando el Espíritu de Dios ha sido derramado libremente como poder de nueva vida.
  3. Por eso el bautismo conferido después de Pentecostés fue entendido siempre como la donación del Espíritu y sus dones escatológicos como frutos de la redención de Cristo.

Pero lo importante para nosotros es que el Resucitado envió su Espíritu para construir con él su Iglesia. Ef 2, 20ss muestra con fuerza que “ser morada de Dios en el Espíritu” no significa simplemente que el Espíritu viene solo como complemento posterior después de la fundación de la Iglesia por Jesús.

  1. Es mucho más profundo: la comunidad de los discípulos de Jesús solo llega a ser Iglesia a través del Espíritu.
  2. De allí el paralelo entre “en el Señor” y “en el Espíritu” del texto de Ef 2, 21-22.
  3. La redención de Cristo solo llega a ser efectiva y fructífera a través del Espíritu.
  4. El Espíritu Santo hace la Iglesia, es la base fundamental de la auténtica vida de la Iglesia y le da a ella su auténtica naturaleza espiritual.

Esto porque solo se puede reconocer a Jesús como “el Señor”, si se es movido por el Espíritu Santo (1 Cor 12, 3). Todo acto de fe se realiza “en” el Espíritu Santo. La Iglesia surge cuando el Espíritu posibilita la fe tanto personal como comunitaria. Esto quiere decir entonces que “la Iglesia constituye siempre el espacio vital que posibilita concretamente esa fe, el espacio donde los individuos recibieron la fe ­mediante el anuncio y el bautismo­ y la desarrollan ­mediante la participación en todas las realizaciones básicas de la Iglesia­” ( 20 ).

Lo anterior es extremadamente importante ya que muestra que la Iglesia es mucho más que la comunidad de los creyentes. Nace de la fuerza del Espíritu que hace nacer de nuevo a todos y los injerta en Cristo muerto y resucitado. A través del Espíritu de Cristo, la sociedad de los creyentes llega a ser Iglesia de Dios.

Es la misma idea que aparece en 1 Pe 2, 4ss en donde se habla de ser ofrendas espirituales en la casa espiritual: se refiere a que somos templo del Espíritu que se construye por el poder del Espíritu. Todo se hace en el Espíritu Santo. En síntesis, la Iglesia de Jesucristo es comprensible solo como el resultado de la acción salvífica de Cristo a través de su muerte y resurrección y como continuación de su actividad en el Espíritu Santo.

La Iglesia tuvo su “origen del Espíritu” en la muerte y resurrección de Cristo. Allí Jesús “entregó su Espíritu” (Jn 19, 30). Pero esa relación con Cristo de parte de la Iglesia, su dependencia de él, la vida derivada de él, no puede ser comprendida en su totalidad: es el profundo misterio de la Iglesia.

Pero esta Iglesia-misterio, que es espacio posibilitador de la fe y la salvación, encuentra sus raíces más profundas en el misterio trinitario de Dios. Allí el Espíritu Santo es ese “espacio” de amor común entre el Padre y el Hijo, ese suelo nutricio, posibilitador de la entrega mutua entre el Padre y el Hijo y en donde ella misma ocurre ( 21 ).

  1. Pero a la vez, el Espíritu Santo procede de esa misma entrega mutua como su resultado.
  2. En el Espíritu Santo la entrega del Padre y del Hijo adquiere un carácter personal, como un “nosotros”, que a pesar de la dependencia del Padre y del Hijo, es relativamente autónomo, en cuanto persona divina y “unidad resultante de su entrega recíproca” ( 22 ).

Por eso la realidad más profunda del Espíritu es ser el “Don” que posibilita la revelación. Porque en sí es amor de Dios y don de Dios es que puede revelarnos a Dios tal como es, es decir, como amor y entrega gratuita. Es el don de Dios, pero también el donante de este don que realiza de un modo personal lo que Dios es en su esencia ( 23 ).

“En sentido esencial, el amor es la esencia de Dios y es propio de todas las personas divinas; en sentido personal, el amor compete al Espíritu Santo de modo especial. Él es en persona el amor recíproco del Padre y del Hijo” ( 24 ). Procede del Padre quodammodo datus, y refleja así que desde toda eternidad Dios es “donable”, de modo que la condición de don y amor no solo se realiza al hacerse don en la historia, sino que es realidad ya desde toda eternidad, cuya manifestación histórica es solo fruto y reflejo de la realidad divina eterna.

Es por eso que toda revelación es fruto del Espíritu Santo, porque es fruto del amor de Dios. Pero además, por eso el Espíritu refiere siempre al Hijo y por él al Padre, porque es el fruto de la entrega mutua de ellos. El Espíritu Santo es “Dios como efusión de amor y gracia” ( 25 ).

  1. De modo que la Iglesia como templo del Espíritu es también, de un modo sacramental y derivado, ese espacio de amor común del Padre y del Hijo, que posibilita nuestra inserción en ese misterio de amor trinitario.
  2. La Iglesia es el pueblo unido “por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (LG 4).

Con todo, la Iglesia, si bien puede confiar en la perpetua e infalible presencia del Espíritu Santo en su seno, no puede considerar esa presencia como una posesión automática y no sometida a la propia fidelidad. Por eso, ella no cesa de implorar su venida, lo recibe cada vez como un don gratuito, sabe que lo posee en prenda (2 Cor 1, 22) y espera su plenitud escatológica.5.

UN ESPACIO SAGRADO QUE ES “PUEBLO” Este Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu Santo es en realidad también Pueblo. La Constitución Dogmática sobre la Iglesia, luego de haber desarrollado el origen trinitario de la Iglesia (LG 1-8), desarrolla su carácter histórico al definirla como Pueblo de Dios (LG 9-17).

En efecto, esta categoría indica con fuerza el carácter peregrinante e histórico de la Iglesia ( 26 ). El designio salvífico realizado en Cristo y actualizado permanentemente por acción del Espíritu Santo, se hace presente en una comunidad de personas concretas que camina por la historia “en medio de las persecuciones del mundo y de los consuelos de Dios” (San Agustín, LG 8), hasta que llegue a la luz sin ocaso (LG 9).

El misterio de Dios tiene entonces su concreción en la historia. Esto quiere decir que este Cuerpo de Cristo, espacio posibilitador de la fe por la acción del Espíritu, toma una condición concreta, de acuerdo a la situación del hombre que es “corporalidad histórica y comunitaria”. Además, Pueblo de Dios es una magnitud abierta y dinámica que permite un más y un menos en la pertenencia a ese pueblo y así al misterio de Cristo y del Espíritu.

Es un pueblo prefigurado en el origen del mundo, al ser creado el hombre como familia humana, preparado en la antigua alianza, constituido en Cristo, manifestado por la efusión del Espíritu Santo y que llegará gloriosamente a su plenitud al final de los siglos, cuando todos los justos, desde Adán hasta el último elegido, se reunirán con el Padre en la Iglesia universal (LG 2).

  1. Pueblo de Dios destaca igualmente el carácter comunitario de la salvación ya que Dios “quiso santificar y salvar a los hombres no individualmente y aislados, sin conexión entre sí, sino hacer de ellos un Pueblo para que lo conociera de verdad y le sirviera con una vida santa” (LG 9).
  2. Esto muestra el carácter comunitario de la creación y de la salvación, en otras palabras, del reino que con razón es figurado como un banquete de bodas (cf.

Mt 22, 1-14). Toda salvación y toda gracia son comunitarias. De allí que, como comunión, como pueblo de hermanos, como reino de Dios en germen, la Iglesia es participación en Cristo y el Espíritu (cf.1 Jn 1, 1-3). Sin embargo, este pueblo es además sacramento de comunión, es decir, “signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano” (LG 1).

Es prenda de la comunión definitiva, es realización germinal de la comunión escatológica, es adelanto de la situación final, con todas las limitaciones de su condición todavía histórica, pero con todas las gracias de su condición escatológica (LG 48). Entonces como sacramento, en su realización histórica, es realidad de comunión y además instrumento de comunión, a la par que signo.

Es decir, es “espacio de salvación” en su situación concreta de ser lugar de encuentro, de ser signo visible, de poseer la condición de instrumento de la gracia, y todo esto en su condición de pueblo compuesto por hombres y mujeres de toda raza y condición.

De lo anterior podemos decir que la Iglesia, en su condición de sacramento de salvación, precisamente por ser verdaderamente pueblo es que restituye el valor salvífico a todas sus formas estructurales de existir. Si la Iglesia, como Cuerpo de Cristo y templo del Espíritu Santo, en su realidad teándrica se constituye en sacramento; pero este sacramento se despliega de manera histórica en un pueblo; entonces ese mismo pueblo, en su situación concreta de realidad formada por personas unidas socialmente por medio de formas y actividades institucionales, es el que es signo e instrumento de comunión.

Pero esas estructuras institucionales no son una deformación de su realidad divina, sino un vehículo ­sometido siempre a discernimiento, pero indispensable­ de la acción del Espíritu ( 27 ). Esta forma institucional (Predicación o enseñanza, liturgia, ordenamiento jerárquico, servicio a los pobres, ordenamiento comunitario) es la que identifica el mensaje originario con el actual, la que integra en la unidad tanto diacrónica como sincrónica las diferentes iglesias a lo largo de la historia, y la que mantiene la identidad de la Iglesia como verdadero acontecimiento de salvación en Cristo y el Espíritu.

  • De modo que es la realidad sacramental del Pueblo de Dios, que a su vez nace de la corporalidad asumida por el Verbo en su encarnación, la que ha renovado el valor a los distintos “espacios sagrados” de la cristiandad.
  • Es cierto que Jesús “desacralizó” e incluso abolió muchos “espacios sagrados” del judaísmo: el templo, el sábado, algunos elementos de la ley (Mt 5, 33-37; 12, 1-8) ( 28 ).

Efectivamente, su vida fue interpretada como decisiva, de tal manera que caducó todo sacrificio y el sacerdocio levítico ( 29 ). Cristo es ahora el único sacerdote y la única ofrenda válida que ha sido ofrecida de una vez para siempre y con valor permanente, porque permanece en su sacerdocio a la derecha del Padre, intercediendo por nosotros (Heb 7-9).

  • En otras palabras, el cristiano no conoce otro sacerdote y otro sacrificio que no sea el de Cristo.
  • Entonces conoce un sacerdocio y conoce un sacrificio, pero uno único y definitivo con carácter existencial y escatológico.
  • De allí la reticencia de la Iglesia primitiva a llamar sacerdotes a sus ministros y la inexistencia de “templos” propiamente tales.

La novedad de Jesús es tal que las instituciones antiguas no sirven ya más. Sin embargo, muy pronto volvieron las “formas” antiguas, que por lo demás son sumamente universales en cuanto realidades antropológicas. Es que Jesús no vino a abolir sino a cumplir (Mt 5, 17).

  1. Además, él mismo es verdadero sacerdote y sacrificio.
  2. Pero el punto es que todas esas formas recuperan su consistencia y renacen como “sagradas” solo en cuanto se vinculan con Cristo y son expresión de la sacramentalidad de la Iglesia.
  3. En cuanto son signos e instrumentos de comunión con Cristo y los hermanos.

Porque Cristo es el único templo del Espíritu es que la Iglesia es templo y es posible recurrir a los templos como signos de la realidad íntima de la Iglesia y de Cristo. En efecto, el verdadero templo es la comunidad formada por piedras vivas cuya piedra angular es el mismo Cristo (2 Pe 2, 4-10).

Porque Cristo es el único sacerdote es que el pueblo de Dios es un pueblo sacerdotal, en donde todos los cristianos injertados en Cristo son también sacerdotes. Y dentro de ellos un grupo puede desempeñar de una manera representativa y vinculante, este único sacerdocio de Cristo para servicio del sacerdocio de todo el pueblo.

Porque Cristo es el único sacrificio es que la Iglesia puede ofrecerlo constantemente en cuanto posee su propia presencia en la eucaristía y en los demás sacramentos que “sacralizan” los espacios de la vida al vincularlos a la pascua de Cristo. Porque Cristo es la Palabra del Padre es que su palabra y obras grabadas en la Sagrada Escritura “en cuanto escrita por inspiración del Espíritu Santo” (DV 9), son Palabra de Dios que permite el encuentro con el Hijo, son espacio de encuentro.

  • Porque Cristo a través del Espíritu está presente en la comunidad reunida en su nombre (Mt 18, 20) es que ella es espacio de encuentro con el mismo Señor resucitado.
  • Y porque Cristo se identifica con el más pequeño de los hombres, particularmente con el pobre y sufriente, es que cada hombre es también “sacramento de Dios” y espacio de encuentro con Dios.

En pocas palabras, es la realidad cristológica de la creación, y particularmente de la Iglesia, que se constituye en cuanto tal por acción del Espíritu, la que hace del mundo y de la Iglesia un espacio sagrado de encuentro por ser concreción del acontecimiento pascual.

En todo lugar y ocasión en que algo sea “eclesial”, es por eso mismo Cuerpo de Cristo, templo del Espíritu y acontecimiento escatológico, y por eso mismo, lugar de encuentro, espacio sagrado y acontecimiento fundante.6. ESPACIO ESCATOLÓGICO Si hemos dicho que la Iglesia es espacio sagrado de encuentro, lo es de una manera especialmente honda por su índole escatológica.

Efectivamente, “la restauración prometida que esperamos ya comenzó en Cristo, progresa con el envío del Espíritu Santo y por él continúa en la Iglesia El final de la historia ha llegado ya a nosotros (cf.1 Cor 10, 11) y la renovación del mundo está ya decidida de manera irrevocable e incluso de alguna manera real ya por anticipado en este mundo.

  • La Iglesia, en efecto, ya en la tierra, se caracteriza por una verdadera santidad, aunque todavía imperfecta.
  • Mientras no haya nuevos cielos y nueva tierra en los que habite la justicia (cf.2 Pe 3, 13), la Iglesia peregrina lleva en sus sacramentos e instituciones, que pertenecen a este tiempo, la imagen de este mundo que pasa.

Ella misma vive entre las criaturas que gimen en dolores de parto hasta ahora y que esperan la manifestación de los hijos de Dios (cf. Rom 8, 19-22)” (LG 48). El reino anunciado por Jesús, como irrupción de Dios en la historia, ha acontecido de una manera definitiva en la resurrección de Cristo y en la donación escatológica del Espíritu Santo a todos los creyentes en Pentecostés (Hech 2; JL 3, 1-5) ( 30 ).

Y la comunidad que ha acogido este don es la ekklesía de Dios y de Cristo (1 Tes 2, 14; Hech 20, 28; 1 Cor 1, 2; 10, 32; Gál 1, 22), comunidad en posesión de los bienes escatológicos ­el Espíritu Santo y la inserción en Cristo­, a cuyos miembros se les denomina por eso “los santos” (Rom 15, 25) y “los llamados” (1 Cor 1, 2).

Es la comunidad del tiempo final, depositaria de las promesas del reino, ya que ha recibido el Espíritu del Resucitado que dona la vida escatológica a quien lo recibe (Hech 2, 32s). Por este Espíritu la Iglesia transmite infaliblemente los bienes del reino, a través de la Palabra y los signos sacramentales, ya que a través de ellos se hace presente el mismo Cristo resucitado con su fuerza transformante y escatológica.

Ahora bien, entre las presencias de Cristo, destaca con mucho su presencia eucarística ya que es la realización germinal de la comunión escatológica definitiva (Mc 14, 25) y es el llamado a abrir esa comunión transformadora a toda la humanidad (cf. Ef 4, 12-18). La eucaristía es esencialmente escatológica ya que anticipa el banquete eterno (Mc 14, 25), es además el ámbito donde fluye la esperanza (1 Cor 11, 26), ya que al comer un solo pan, “aun siendo muchos, un solo cuerpo somos, pues todos participamos del mismo pan” (1 Cor 10, 17), el cuerpo de Cristo resucitado.

E igualmente anticipa el futuro con la transformación del presente: “Todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, nos vamos transformando en esa misma imagen cada vez más gloriosos: así es como actúa el Señor que es Espíritu” (2 Cor 3, 18; cf.1 Cor 15, 51s) ( 31 ).

Y nuevamente es el Espíritu el que realiza esta presencia eucarística de Cristo. Efectivamente, en el misterio de la salvación el Espíritu es el que realiza “la universalización de la obra de Cristo, su actualización y su personalización o interiorización” ( 32 ). La ascensión no nos separa de Cristo, sino que precisamente por ella nos adviene una cercanía y una presencia, por obra del Espíritu Santo, todavía más fuerte que antes, ya que se transforma en un encuentro personal por la interiorización de esa presencia.

Es “una presencia esencialmente comunicativa, de intercomunicación vital, por la que él nos asume incorporándonos a su propia vida y nosotros vivimos por él y en él” ( 33 ). Es una presencia de comunión vital y no simplemente externa. De ahí que se pueda afirmar que el Espíritu es el que hace de la Iglesia, a través de la eucaristía, “una mística persona” (H.

Mühlen) ( 34 ) en donde se da la presencia del Señor a su Iglesia, pero también de esta a aquel. El Espíritu es el vínculo de amor englobante que permite la comunión de los hombres en Cristo resucitado (2 Cor 13, 13; Flp 2, 1). Por eso el objetivo final de la eucaristía es la Iglesia en cuanto recepción del don de Cristo y la donación de la Iglesia a Cristo en el Espíritu Santo.

Y eso es anticipo del futuro, es “espacio” escatológico, es decir, espacio de encuentro definitivo y universal, porque ­al decir del mundo oriental­ la Iglesia es una réplica terrena de la Iglesia celestial y la liturgia una especie de reflejo místico de la liturgia de los ángeles ( 35 ).

  • Esta Iglesia muestra también su ser espacio escatológico en su orientación a la transformación final ( 36 ).
  • Esta orientación se ve, por una parte, en el ámbito antropológico: Todo bautizado participa en la vida de Cristo resucitado, lo cual es una participación en la misma vida de Dios, en la vida gloriosa del Resucitado (Rom 6, 3-11).

Esto hace al bautizado estar en constante tensión hacia la plenitud de esa vida. Podemos decir que todos llevamos un tesoro en vasos de barro (2 Cor 4, 7). Y también se ve en el ámbito eclesiológico: Al incorporarnos a la Iglesia, Cuerpo de Cristo y templo del Espíritu, participamos de la vida divina, es decir, de la vida “común” de todo el Cuerpo de Cristo, y así de su plenitud escatológica que ya se cumple en los santos.

  • Entramos en el espacio escatológico y compartimos ese lugar de encuentro.
  • Además nos transformamos en “sacramento” del cumplimiento de esa aspiración de toda la humanidad.
  • Cada hombre y toda la Iglesia están en el “espacio” del Resucitado, es decir, Dios les ha salido al encuentro en Cristo y se les ha donado, ha entrado en relación definitiva y salvífica con la humanidad.7.
See also:  Rosario Edificio Que Exploto?

CONCLUSIÓN Al concluir este recorrido podemos afirmar que si entendemos por espacio no lo que nos separa, sino precisamente lo que permite la vinculación, la relación interpersonal, entonces la Iglesia es ciertamente “espacio sagrado”, en cuanto nos permite la vinculación con Dios y nos religa con el Fundamento.

Sin embargo, la Iglesia, en cuanto finita y débil, en su mismo ser vinculante manifiesta que Dios está siempre más allá de ella: Dios es Dios y no es mundo. En cierto sentido Dios está presente también “por ausencia”. Por otra parte, si el espacio es lo que permite la gratuidad del don, ya que está dado y permite la relación, entonces la Iglesia, por la acción del Espíritu devenida presencia de Cristo, gracia de Dios, es espacio de encuentro de Dios con los hombres, a la manera humana, sacramental.

La Iglesia, en cuanto no es una simple “cosa” en torno a mí, sino una “persona de personas” que me es dada y que es más que cada una de ellas y que yo mismo, es entonces un don gratuito, una presencia del Dios trascendente a través de coordenadas sacramentales.

Y es aquí en donde entran todos los elementos antropológicos necesarios: el templo, signo visible de la comunidad, las acciones sagradas representativas del Mediador y la Palabra interpeladora expresada mediante palabra humana. De este modo, la Iglesia es espacio sagrado en cuanto encuentro con el Fundamento de la propia existencia, pero en donde lo importante no es el “espacio” mismo, sino el Don allí recibido: Cristo.

La Iglesia importa en cuanto medio que permite la donación de Dios y la fe obediente del hombre. Así la Iglesia no es fin. El único fin es Cristo y su reino. Pero el espacio de encuentro se hace necesario e indispensable (LG 14). En efecto, si fuera de la Iglesia no hay salvación es porque en realidad fuera de Cristo no hay salvación: “Porque hay un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también, que se entregó a sí mismo como rescate por todos” (1 Tim 2, 5-6).

El tema del espacio en el fondo es cristológico y pneumatológico. RESUMEN Este artículo, a la luz de LG 1, reflexiona sobre la Iglesia como espacio sagrado, es decir, como “lugar de encuentro” de los hombres con Dios y de los hombres entre sí. Espacio es precisamente lo que nos permite el encuentro, y la encarnación del Verbo es la entrada de Dios de manera definitiva y absoluta en el espacio humano.

La Iglesia, como Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu es la presencia sacramental del Verbo en medio de la humanidad, y como tal, es lugar de encuentro con el mismo Verbo. Pero además, la Iglesia es Pueblo, es decir, esa presencia sacramental se realiza en personas y en una institucionalidad bien concreta que se transforma en instrumento de la gracia.

De allí entonces que a partir de la resurrección de Cristo y de Pentecostés, el mismo Resucitado ha validado las formas institucionales concretas al hacerlas presencia y acciones de sí mismo y como tal, espacio de encuentro consigo mismo, de tal manera que la institucionalidad remita siempre más allá de sí misma, al Dios Trino.

ABSTRACT This article, in the light of the LG1, reflects on the church as sacred space, that is a ‘meeting place’ between God and men, and of men with each other. The space is precisely what allows us to meet, and the Incarnation of the Verb is the definite and absolute coming of God into the human space.

The Church, as the Body of Christ and Temple of the Holy Spirit, is the sacramental presence of the Verb amid humanity, and as such, the meeting place with Verb Himself. But the Church is also a people, so this sacramental presence is carried out by persons and in a concrete institutionality, which turns into an instrument of grace.

Hence as from the Resurrection of Christ and Pentecost, the same Christ has validated the concrete institutional forms, making them presence and action of Himself, and as such, as space to meet Him, in such a way, that the institutionality always leads beyond Himself, i.e.

the Trinity. (1) Cf.R. Otto, Lo santo. Lo racional y lo irracional en la idea de Dios (Madrid 1980), 14-21. (2) Cf.M. Heidegger, Ser y tiempo (Santiago 1997), § 22-24. (3) Cf.J. Habermas, Teoría de la acción comunicativa, 2 vol. (Madrid 2 1988). Siguiendo en esto a M. Kehl, La Iglesia. Eclesiología católica (Salamanca 1996), 119-144.

(4) Cf.M. Kehl, La Iglesia, 128 s. (5) M. Kehl, La Iglesia, 131. (6) M. Kehl, La Iglesia, 137. (7) M. Kehl, La Iglesia, 141. (8) B. Forte, La Iglesia de la Trinidad. Ensayo sobre el misterio de la Iglesia comunión y misión (Salamanca 1996), 109. (9) K. Rahner, Curso fundamental sobre la fe.

Introducción al concepto de cristianismo (Barcelona 1989), 233. (10) K. Rahner, Curso fundamental, 235. (11) K. Rahner, Curso fundamental, 235. (12) Cf.P. Hünermann, Dimensioni antropologiche della Chiesa, en W. Kern – H.J. Pottmeyer – M. Seckler (Eds), Corso di teologia fondamentale, III: Trattato sulla Chiesa (Brescia 1990), 177.

(13) M. Kehl, La Iglesia, 73. (14) M. Kehl, La Iglesia, 74. (15) K. Rahner, Curso fundamental, 398. (16) K. Rahner, Curso fundamental, 404. (17) El concepto de cuerpo, en San Pablo y en general en el mundo semita, tiene que ser entendido en el sentido que en un hombre el cuerpo no es una determinada parte de él, sino que es el hombre en un determinado aspecto que es el de la relación con los otros.

El cuerpo es lo que permite al hombre el relacionarse con su prójimo y con Dios. El hombre se relaciona en su cuerpo. (18) R. Schnackenburg, La Iglesia en el Nuevo Testamento (Madrid 1965), 197-210. (19) R. Schnackenburg, La Iglesia en el Nuevo Testamento, 189-196; cf.A. Antón, La Iglesia de Cristo. El Israel de la Vieja y de la Nueva Alianza (Madrid 1977), 435-437.

(20) M. Kehl, La Iglesia, 61. (21) Cf.Y. Congar, El Espíritu Santo (Barcelona 1983). (22) M. Kehl, La Iglesia, 63. (23) Cf.W. Kasper, El Dios de Jesucristo (Salamanca 1985), 259s. (24) W. Kasper, El Dios de Jesucristo, 260. (25) W. Kasper, El Dios de Jesucristo, 260.

  1. 26) R. Blazquez, La Iglesia del Concilio Vaticano II (Salamanca 1988), 42-44. (27) M.
  2. Ehl, La Iglesia, 360-372. (28) P.
  3. Tihon, Pour un chrétien, qu’est-ce qui est sacré? : Lumen vitae 54 (1999) 365-376.
  4. 29) Cf.R.
  5. Béraudy, La métamorphose du sacré religieux dans le christianisme : Lumen vitae 54 (1999) 392-403.

(30) M. Kehl, Escatología (Salamanca 1992), 219-230. (31) Cf.M. Gesteira, La eucaristía misterio de comunión (Salamanca 2 1992), 589-605. (32) M. Gesteira, La eucaristía, 618. (33) M. Gesteira, La eucaristía, 618. (34) Cf.H. Mühlen, El Espíritu Santo en la Iglesia.

  • La Iglesia como el misterio del Espíritu Santo en Cristo y en los cristianos: “una persona en muchas personas” (Salamanca 1998). (35) P.
  • Tihon, La Iglesia, en H.
  • Bourgeois ­ B.
  • Sesboüé ­ P.
  • Tihon, Los signos de la Salvación (Historia de los dogmas III) (Salamanca 1996), 322. (36) P.
  • Molinari, Índole escatológica de la Iglesia peregrinante y sus relaciones con la Iglesia del cielo, en G.

Baraúna (Ed.), La Iglesia del Vaticano II. Estudios en torno a la Constitución conciliar sobre la Iglesia, II (Barcelona 3 1968), 1143-1162.

¿Qué dice Primera de Timoteo 3 15?

1 Timoteo 3

  • 1 Palabra fiel: Si alguno desea el cargo de, buena obra desea.
  • 2 Conviene, pues, que el obispo sea, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospitalario, apto para ;
  • 3 no dado al, no pendenciero, no codicioso de deshonestas, sino moderado, no contencioso, ajeno a la avaricia;
  • 4 que bien su, que tenga sus en sujeción con toda honestidad
  • 5 (porque el que no sabe su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?);
  • 6 no un, no sea que envanezca y caiga en la del diablo.
  • 7 También es necesario que tenga buen de parte de los, para que no caiga en afrenta y en del diablo.
  • 8 Los, asimismo, deben ser, de una sola palabra, no dados a mucho vino, no codiciosos de ganancias deshonestas,
  • 9 que retengan el misterio de la fe con limpia,
  • 10 Y estos también sean antes a prueba; y entonces ministren como diáconos, si son irreprensibles.
  • 11 Las mujeres, asimismo, sean, no, sino, fieles en todo.
  • 12 Los diáconos sean maridos de una sola mujer, y que gobiernen bien a sus hijos y sus casas.
  • 13 Porque los que han ministrado bien como diáconos, ganan para sí un grado honroso, y mucha confianza en la fe que es en Cristo Jesús.
  • 14 Esto te escribo con la esperanza de ir pronto a ti;
  • 15 que si no voy pronto, sepas cómo debes comportarte en la casa de Dios, que es la del Dios viviente, columna y de la,
  • 16 E indiscutiblemente, grande es el de la divinidad: fue en la carne, Espíritu, visto por los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo y arriba en gloria.

¿Cuál es el concepto de la Iglesia?

¿Qué es la Iglesia? | Faithward.org La iglesia es el cuerpo de Cristo: todas las personas que aceptan el don de la salvación de Cristo y siguen sus enseñanzas. Es mucho más que un edificio. En la Biblia, “iglesia” nunca se refiere a un edificio. Siempre se refiere a las personas, las personas que siguen a Jesucristo.

Formar parte del cuerpo de Cristo significa que estamos llamados a moldearnos continuamente para parecernos cada vez más a Cristo. Esto sucede dejando que la Palabra de Dios, la Biblia, guíe nuestra fe y nuestras vidas, adorando a Dios y celebrando los sacramentos que Jesús nos dio, y viviendo en comunidad unos con otros.

Ser miembro de la iglesia significa que se pertenece a Jesucristo y que se pertenece al pueblo de Dios. A la iglesia también se le llama “la novia de Cristo”, enfatizando que la iglesia está unida en una relación profunda e íntima con Jesús, y está ligada a él por un pacto similar al del matrimonio.

La presencia de Cristo es la clave de la vida de la iglesia. Es en la iglesia y a través de ella que Cristo encuentra, llama, transforma, equipa y envía a su pueblo al mundo. Dios se sirve de la iglesia para presentar la salvación a quienes no la conocen y para alimentar la fe de los creyentes. La iglesia es el instrumento de Dios para expresar su compasión y preocupación por el mundo.

La iglesia es indispensable para los creyentes cristianos. En la iglesia, los cristianos están inseparablemente unidos entre sí. La imagen de un cristiano individual a solas con Dios es ajena al Nuevo Testamento. A los cristianos se les enseña a llamar a Dios “nuestro Padre”, no sólo “mi Padre”.

La importancia de la comunidad en la Biblia no puede ser exagerada. La iglesia como un solo cuerpo implica que los cristianos no sólo pertenecen a Jesucristo, sino también los unos a los otros. La comunión con Cristo y con los demás hace de los creyentes una sola familia unida en el amor. En la iglesia, cada individuo es necesario e importante.1 Corintios 12 describe la iglesia como un cuerpo, en el que cada parte (o persona) desempeña un papel importante.

Los dones de cada persona enriquecen a la iglesia y la capacitan para llevar a cabo su labor en el mundo. Y dentro de la iglesia todos somos responsables los unos de los otros. Nos cuidamos los unos a los otros, nos apoyamos mutuamente para desarrollar mejores relaciones con Cristo, y nos aseguramos con delicadeza -mediante el amor, la paciencia y la comprensión- de que permanezcamos fieles a nuestras creencias, incluso cuando podamos ser gravemente tentados por los pecados presentes en el mundo.

¿Quién es el fundamento de la Iglesia según la Biblia?

Jesucristo es nuestro fundamento seguro – ¿Qué es un fundamento seguro? Un fundamento seguro es una base sólida, firme y fuerte; no puede moverse ni ser destruido y sostendrá cualquier cosa que descanse sobre él. Al edificar un edificio, por ejemplo, tenemos cuidado de hacer el fundamento lo más fuerte posible, para que dicho edificio pueda permanecer.

De igual forma, nosotros también debemos construir nuestra vida sobre un fundamento seguro para poder resistir las pruebas de la vida. Nuestro único fundamento seguro es nuestro Salvador Jesucristo, y es sobre Él que debemos edificar nuestra vida. El profeta Helamán dijo: “Es sobre la roca de nuestro Redentor, el cual es Cristo, el Hijo de Dios, donde debéis establecer vuestro fundamento, para que cuando el diablo lance sus impetuosos vientos, sí, sus dardos en el torbellino, sí, cuando todo su granizo y furiosa tormenta os azoten, esto no tenga poder para arrastraros a causa de la roca sobre la cual estáis edificados, que es un fundamento seguro, un fundamento sobre el cual, si los hombres edifican, no caerán” (Helamán 5:12).

Jesús es nuestro fundamento seguro porque fue preordenado por Dios para ser nuestro Redentor. Nefi dice: “No hay otro nombre dado debajo del cielo sino el de este Jesucristo, de quien he hablado, mediante el cual el hombre pueda ser salvo” (2 Nefi 25:20).

Es solamente a través de la expiación y el sacrificio de Jesucristo que podemos ser perdonados de nuestros pecados y recibir la vida eterna. No podemos hacer esto por nosotros mismos, ya que es sólo Jesús quien tiene este poder. El Salvador puede ayudarnos, pero primero tenemos que hacer de Él nuestro fundamento seguro.

Si lo hacemos, Él nos ayudará a salir triunfantes en las pruebas que enfrentamos, y aumentará la capacidad que tengamos de llevar nuestras cargas. A través de Él, podemos recibir la fortaleza necesaria para ejecutar las tareas difíciles; Él llegará a ser nuestro amigo en quien podremos confiar; podremos compartir con Él nuestros triunfos y fracasos, y sentiremos el amor y la preocupación que Él tiene por nosotros.

¿Que nos quiere decir Efesios 4 28?

Trabajar duro para el bien y para dar (Efesios 4:28) | Comentario Bíblico Entre las exhortaciones prácticas en Efesios 4–6, hay dos pasajes que tratan específicamente con temas relacionados con el trabajo. El primero está relacionado con el propósito del trabajo.

  1. El que robaba, que no robe más, sino que trabaje honradamente con las manos para tener qué compartir con los necesitados.” (Ef 4:28, NVI).
  2. Aunque apunta de inmediato a los que roban, el consejo de Pablo es relevante para todos los cristianos.
  3. El término griego traducido en la NVI como “honradamente” ( to agathon ) significa literalmente “para el bien”.

Dios siempre está guiando a los cristianos a que hagan el bien. El lugar de trabajo es un contexto crucial en el que podemos hacer muchas de las buenas obras que Dios preparó para nosotros (Ef 2:10). Por medio de nuestro trabajo también ganamos recursos suficientes para compartir con los necesitados, ya sea directamente en la iglesia o por otros medios.

Aunque una teología del trabajo no es igual a una teología de la caridad, este versículo las relaciona de forma directa. El mensaje global es que el propósito del trabajo es hacer el bien, tanto por medio de lo que logra nuestro trabajo directamente, como por lo que nos permite dar a otros fuera del trabajo.

: Trabajar duro para el bien y para dar (Efesios 4:28) | Comentario Bíblico

¿Que nos enseña la Biblia de la Iglesia?

¿Qué es la Santa Biblia? La Biblia es un libro sagrado que contiene la palabra de Dios. A lo largo de sus páginas, la Santa Biblia enseña que Dios nunca deja de amar a sus hijos. La Biblia es una colección de libros sagrados escritos por profetas antiguos e historiadores.

Estos autores registraron la relación entre Dios y su pueblo por más de 4,000 años. Sus palabras inspiradas son lo que hoy conocemos como la Santa Biblia. Jesucristo es el Hijo de Dios que vino a la tierra para salvarnos del pecado, la tristeza, la soledad, el dolor y más. Jesús enseñó lecciones hermosas sobre el servicio y el amor y realizó muchos milagros mientras estuvo en la tierra.

En la Biblia, podemos leer estas historias y empezar a conocer cómo podemos vencer las cosas difíciles con la ayuda de Jesús. Seguir las enseñanzas que encontramos en la Biblia nos ayuda a saber quién es Dios, aprender de personas buenas que lo amaron y entender mejor cómo quiere que vivamos. Permítenos ayudarte a estudiar la palabra de Dios Solicita un estudio de la Biblia En la Biblia, Dios dio a Su pueblo diez mandamientos o leyes para vivirlos. Estos mandamientos requieren que amemos a Dios y que tratemos a otras personas con respeto. No debemos mentir, robar, matar, o cometer adulterio (véase Éxodo 20).

Dios aún espera que sigamos los Diez Mandamientos en nuestros días. En el Nuevo Testamento, Jesús nos mostró una mejor manera de seguir a Dios. Él enseñó que además de guardar los mandamientos, también debemos mantener nuestros pensamientos y corazón puros. La esencia de la fe en Jesús es seguir Sus dos grandes mandamientos: amar a Dios y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.

“Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos”. (Mateo 5:43-44) La enseñanza más importante de la Biblia es el amor. Al leer historias acerca del amor en la Biblia, podemos llegar a ser más como Jesús.

  • Podemos amar más, servir más y perdonar más.
  • Podemos encontrar amor por Dios, por nuestro prójimo y aun por nuestros enemigos.
  • Amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios”.1 Juan 4:7 Los miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días también creen en otro libro sagrado de Dios, llamado el Libro de Mormón.

Al igual que la Biblia, este nos enseña sobre Jesús y nos ayuda a contestar algunas de las preguntas más difíciles de la vida. Juntos, la Biblia y el Libro de Mormón nos dan una mayor comprensión del amor de nuestro Salvador y nos ayudan a fortalecer nuestro amor por Él.

Las personas tienen muchas preguntas sobre los “mormones”, o con más respeto, miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Haz clic para ver la lista completa. ¿Quién escribió la Biblia? La Biblia fue escrita por hombres inspirados llamados profetas. Dios habló con profetas como Moisés e Isaías, y ellos escribieron sus enseñanzas.

Estos escritos componen el Antiguo Testamento. El Nuevo Testamento es una colección de relatos en primera persona de los seguidores de Jesús. También contiene cartas de Pablo y otros apóstoles. Ambos testamentos fueron posteriormente traducidos y compilados en el libro que conocemos hoy como la Biblia.

  • Sí. Mucho.
  • Es la palabra de Dios y un volumen sagrado de escrituras y lectura que conduce a una vida feliz.
  • Junto con la Biblia, también encontramos inspiración en otros libros de escrituras singulares de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
  • Todos trabajan juntos para enseñarnos verdades importantes sobre Jesucristo.

¿Por qué necesito el Libro de Mormón si tengo la Biblia? El Libro de Mormón apoya la Biblia y, a menudo, aclara las enseñanzas de Jesucristo. En la Biblia, tanto Marcos como Lucas cuentan las mismas historias sobre Jesús. Sin embargo, podemos aprender más de Él cuando tenemos una perspectiva adicional.

¿Cuál fue el primer templo de Dios?

Templo de Salomón
División Jerusalén
Coordenadas 31°46′40″N 35°14′07″E
Historia del edificio
Construcción 832 a.C. y 996 a.C.-586 a.C. y 422 a.C.

¿Qué dice en Romanos 1 16?

Romanos 1

  • 1, de Jesucristo, llamado a ser, para el evangelio de Dios,
  • 2 que él había prometido antes por medio de sus profetas en las Santas Escrituras,
  • 3 acerca de su Hijo (que era del según la carne,
  • 4 que fue Hijo de Dios con, según el espíritu de santidad, por la de entre los muertos), de Jesucristo Señor nuestro,
  • 5 por quien recibimos la y el apostolado, la a la fe en todas las naciones por causa de su nombre,
  • 6 entre las cuales estáis también vosotros, llamados a ser de Jesucristo;
  • 7 a todos los que estáis en, amados de Dios, llamados a ser : Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
  • 8 Primeramente, doy gracias a mi Dios mediante Jesucristo por todos vosotros, de que es en todo el mundo.
  • 9 Porque testigo me es Dios, a quien sirvo en mi espíritu en el evangelio de su Hijo, de que sin cesar me acuerdo de vosotros siempre en mis oraciones,
  • 10 rogando que de alguna manera tenga al fin, por la voluntad de Dios, un próspero viaje para ir a vosotros.
  • 11 Porque deseo veros, para impartir a vosotros algún, a fin de fortaleceros;
  • 12 a saber, para ser juntamente consolado con vosotros por la fe que tenemos en común, vosotros y yo.
  • 13 Pero no quiero, hermanos, que ignoréis que muchas veces me he propuesto ir a vosotros (pero hasta ahora he sido estorbado), para tener también entre vosotros algún, como entre los demás gentiles.
  • 14 A griegos y a griegos, a sabios y a no sabios soy deudor.
  • 15 Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciar el evangelio también a vosotros que estáis en Roma.
  • 16 Porque no me del de Cristo; porque es poder de Dios para a todo aquel que cree; al judío primeramente y también al griego.
  1. 17 Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela fe y para fe; como está escrito: Mas el justo por la vivirá.
  2. 18 Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres la verdad con,
  3. 19 porque lo que de Dios se conoce, se manifiesta en ellos, porque Dios se lo manifestó.
  4. 20 Porque las cosas de él, su poder y divinidad, se ven claramente desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que ellos no tienen excusa.
  5. 21 Porque habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias; antes bien se, y su necio corazón fue,
  6. 22 Profesando ser sabios, se hicieron necios,
  7. 23 y cambiaron la gloria del Dios en semejanza a de hombre, y de aves, y de cuadrúpedos y de reptiles.
  8. 24 Por lo cual también Dios los a la inmundicia, en la lujuria de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos;
See also:  Qué Significa Edificio?

25 los cuales cambiaron la verdad de Dios en mentira, adorando y sirviendo a las criaturas antes que al Creador, el que es bendito por los siglos. Amén.

  • 26 Por esto Dios los a, pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza.
  • 27 Del mismo modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en sus unos con los otros, cometiendo actos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución correspondiente a su extravío.
  • 28 Y como a ellos les pareció tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente, para hacer lo que conviene,
  • 29 estando llenos de toda, de, de, de avaricia, de maldad; llenos de envidia, de homicidios, de, de y de ; de,
  • 30 de detractores, de aborrecedores de Dios, de, de, de altivos, de inventores de males, de a los padres,
  • 31 de necios, de desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia;
  • 32 quienes, habiendo entendido el juicio de Dios, que los que hacen tales cosas son dignos de muerte, no solo las hacen, sino que aun a los que las hacen.

¿Qué representa el templo en nuestra vida?

¿Cuál es el propósito del templo? El templo es la casa del Señor. Algunas ordenanzas y convenios del Evangelio son tan sagrados que Dios permite que los recibamos únicamente en lugares especiales llamados templos. Un templo es literalmente una casa del Señor, un lugar sagrado apartado del resto del mundo.

En el templo, usted aprende más en cuanto al plan de Salvación y la manera de seguir el ejemplo perfecto de Cristo. Las mayores bendiciones de Dios están disponibles en Sus templos. Las Escrituras enseñan que, desde tiempos antiguos, Dios ha mandado a Su pueblo adorar en templos. Cuando el Señor restauró Su Iglesia por medio del profeta José Smith, mandó que se construyeran templos otra vez.

El tener templos en la tierra es un testimonio del amor de Dios por nosotros. Todo en el templo testifica que Dios es nuestro Padre y que Jesucristo es Su Hijo y el Salvador del mundo. Para los miembros de la Iglesia, un templo es el lugar más sagrado de adoración en la tierra.

Es diferente a todos los demás lugares de adoración. Está señalado como el único lugar donde las familias pueden ser unidas para siempre y donde se efectúan las ordenanzas más sagradas del Evangelio. También es un lugar donde usted puede sentirse más cerca de nuestro Padre Celestial y Jesucristo, un lugar de paz y de revelación, un lugar donde las relaciones familiares se fortalecen y un lugar donde buscar guía en cuanto a los desafíos de la vida.

Aunque se invita a todas las personas a asistir a los servicios de adoración en los centros de reuniones de la Iglesia, el templo es diferente. Después de que un templo se dedica, los visitantes son bienvenidos a disfrutar de los hermosos y apacibles jardines del templo, pero la entrada al templo se reserva para los miembros fieles de la Iglesia, aquellos que están dispuestos y preparados para recibir esas ordenanzas, convenios y bendiciones especiales. El templo es un lugar de paz, felicidad e inspiración. Debido a que el templo es la casa del Señor y el lugar donde se efectúan Sus ordenanzas más sagradas, Dios ha establecido una norma que Sus hijos deben alcanzar antes de entrar en el templo. Cuando usted se prepare para ir al templo, tendrá una entrevista similar a la entrevista bautismal.

A esa entrevista se la llama entrevista para la recomendación para el templo. En esa entrevista, su obispo o presidente de rama le hará algunas preguntas para confirmar que usted está guardando los mandamientos. Si usted es digno y está preparado, recibirá una recomendación para el templo que le permitirá entrar en el templo.

En los templos, además de recibir sus propias ordenanzas del templo, puede recibir ordenanzas a favor de sus antepasados y de otras personas que han muerto sin haber tenido la oportunidad de recibirlas. Entre ellas se encuentran el bautismo, la confirmación y toda otra ordenanza necesaria para la salvación.

¿Qué dice la Biblia del templo de Dios?

Mi cuerpo es un templo de Dios De la Primaria a casa Puedes usar esta lección y esta actividad para aprender más en cuanto al tema de la Primaria de este mes. “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es” ( 1 Corintios 3:16–17 ).

Cierra los ojos e imagina un templo. ¿De qué color es? ¿Qué tamaño tiene? ¿Tiene ventanas? ¿Tiene agujas? ¿Cuántas? Todos los templos de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días son diferentes. El Templo de Salt Lake, en Utah, tiene paredes de granito gris y seis agujas. Es muy diferente del Templo de Cardston, Alberta, en Canadá, que tiene paredes de piedra pero no tiene agujas.

Aunque cada templo parece diferente, todos son hermosos y se edifican con el mismo propósito. Son lugares donde se realizan ordenanzas especiales que se necesitan para que regresemos al Padre Celestial. Tú eres como el templo. Eres diferente de todas las demás personas, pero tú también eres una casa para el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo.

El apóstol Pablo dijo: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es” ( 1 Corintios 3:16–17 ). Tu cuerpo es un templo para tu espíritu. Así como tratas los templos con respeto, debes tratar tu cuerpo con respeto. Lo puedes hacer al obedecer la Palabra de Sabiduría (véase D.

y C.89 ), al vestir modestamente y al mantener tu cuerpo limpio. También debes mantener tu corazón y tu mente limpios al leer, escuchar y mirar sólo “cosas que sean agradables para Padre Celestial” (véase Mis normas del Evangelio). Cuando estás limpio en mente y cuerpo, puedes recibir grandes bendiciones.

¿Cómo se llamaba el templo de Dios?

Maqueta del Segundo Templo de Jerusalén en el siglo I a.C. Indumentaria sacerdotal, Menorá (candelabro de siete brazos), Arca de la Alianza y demás utensilios del Templo de Jerusalén. El templo de Jerusalén ( hebreo : בית המקדש, Beit Hamikdash ) fue el santuario más importante del reino de Judá, y del judaísmo, hasta su destrucción en el año 70,

Según la Biblia, se trataba del único santuario legítimo del pueblo israelita y contenía en su interior el Arca de la Alianza, un altar de oro, candeleros del mismo metal, una mesa con panes sagrados y demás utensilios empleados para llevar a cabo el culto del dios Yahweh, ​ ​ Se localizaba en la explanada del monte Moriá, en la ciudad de Jerusalén, posiblemente donde se encuentran la Cúpula de la Roca y la Mezquita de Al-Aqsa,

Suelen distinguirse dos templos sucesivos: el llamado Primer Templo o Templo de Salomón fue construido, según la Biblia, por el rey Salomón para sustituir al Tabernáculo como único centro de culto para las doce tribus de Israel. Su construcción marcó una ruptura con la tradición hebrea según la cual el dios Yahweh moraba en una tienda, el tabernáculo, y no en una casa.

​ Los libros históricos de la Biblia, indican que fue saqueado por el faraón Sisac (Sheshonq I) en 925 a.C., profanado por algunos de los reyes de Judá y destruido por los babilonios durante el tercer asedio de Nabucodonosor II contra Jerusalén en 587 a.C. No hay restos arqueológicos del mismo. El Segundo Templo fue completado por Zorobabel en 515 a.C., cuando Judea estaba bajo soberanía persa, durante el reinado de Darío I y seguidamente consagrado por el sumo sacerdote Esdras.

Se convirtió en el edificio más importante de la ciudad de Jerusalén y de Judea, hasta el punto que algunos autores denominaron a esta última un «estado-templo». Lugar de depósito de grandes tesoros, los reyes seleúcidas, a quienes Judea estaba sometida, intentaron saquearlo.

  • En el reinado de Antíoco IV Epífanes fue profanado, convirtiéndose en un templo helenístico posiblemente consagrado al dios Zeus.
  • Tras la revuelta macabea, fue purificado y vuelto a consagrar al culto de Yahveh por Judas Macabeo en 165 a.C.
  • ​ A finales del siglo I a.C., fue ampliado y reconstruido por el rey Herodes, convirtiéndose en el punto focal del judaísmo.

En la primera guerra judía, fue sitiado por los romanos y destruido por las legiones al mando de Tito en el año 70. Su principal vestigio es el Muro de las Lamentaciones, también conocido como Kotel o Muro Occidental. ​ Después de una efímera restauración del culto judío durante la revuelta de Bar Kojba en el siglo II, el área fue ocupada por un vasto complejo de santuarios helénicos construidos por orden de Adriano, en la ciudad de Aelia Capitolina, que sustituyó a Jerusalén.

¿Qué significa el nombre de edificio?

Del latín aedificĭum, un edificio es una construcción fija que se utiliza como vivienda humana o que permite la realización de distintas actividades. El origen etimológico del término está relacionado con “hacer fuego”, ya que las primeras construcciones humanas tenían como objetivo la protección del fuego (para evitar que éste sea apagado por el viento o la lluvia). La Iglesia Como Edificio De Dios Los edificios son construcciones que tienen dos o más plantas.

¿Qué significa edificar en Cristo?

Edificar la fe en Cristo Tomado de un discurso pronunciado en un seminario para nuevos presidentes de misión en Provo, Utah, EE. UU., el 23 de junio de 2011. Élder D. Todd Christofferson Es mucho lo que podemos hacer para influir y ensanchar el legado de fe que recibimos por medio del Santo Espíritu.

  • El apóstol Pablo nos proporciona lo que tal vez sea la definición más conocida de la fe: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” ().
  • Alma agrega que las cosas que se esperan y que no se ven “son verdaderas” ().
  • La fe en Jesucristo es la convicción y la seguridad de (1) Su condición de Hijo Unigénito de Dios, (2) Su expiación infinita y (3) Su resurrección literal; así como de todo lo que suponen para nosotros esas realidades fundamentales.

Pablo incluye la fe en su lista de dones espirituales (véase ). La fe en verdad viene por medio del Espíritu; no obstante, como se indica en el Diccionario Bíblico en inglés: “A pesar de que la fe es un don, se debe cultivar y procurar hasta que, de una pequeña semilla, crezca hasta convertirse en un árbol frondoso”.

Es mucho lo que podemos hacer para influir y ensanchar el legado de fe que recibimos por medio del Santo Espíritu. Los primeros indicios de fe en Jesucristo vienen al oír la palabra de Dios: el evangelio de Jesucristo. Cuando esa enseñanza se da y se recibe por medio del Espíritu Santo, “el Espíritu de verdad” (véase ), se planta la semilla de la fe en Cristo.

Pablo enseñó eso a los romanos cuando explicó que todos pueden recibir el don de la fe: “la fe viene por el oír, y el oír por la palabra de Dios” (). En otras palabras, la fe viene al oír el mensaje que es la palabra o evangelio de Cristo.

Al describir el ministerio de ángeles, Mormón nos dice que la norma siempre ha sido que la fe viene al oír el Evangelio:”Y el oficio de su ministerio es llamar a los hombres al arrepentimiento; y cumplir y llevar a efecto la obra de los convenios del Padre, los cuales él ha hecho con los hijos de los hombres; y preparar la vía entre los hijos de los hombres, declarando la palabra de Cristo a los vasos escogidos del Señor, para que den testimonio de él.”Y obrando de este modo, el Señor Dios prepara la senda para que el resto de los hombres tengan fe en Cristo, a fin de que el Espíritu Santo tenga cabida en sus corazones, según su poder; y de este modo el Padre lleva a efecto los convenios que ha hecho con los hijos de los hombres” ().

Puesto que han sido comisionados “para que den testimonio de él”, los misioneros son llamados, apartados y autorizados mediante llaves y autoridad apostólicas. Por tanto, son contados entre “los vasos escogidos del Señor”. En otras palabras, en calidad de mensajeros autorizados del Señor, ellos, al enseñar y testificar por el poder del Espíritu Santo, plantarán la fe en Cristo en las almas de aquellos que los escuchen.

La palabra que declaramos, la palabra que genera fe en Cristo, es el evangelio o las buenas nuevas de Jesucristo. En palabras sencillas, las buenas nuevas son que la muerte no es el fin de la existencia, y que nuestra separación de Dios es temporal. Tenemos un Salvador, Jesucristo, el divino Hijo de Dios, quien, por medio de Su expiación, ha vencido la muerte y el infierno para que todos sean resucitados y para que todo aquel que se arrepienta y sea bautizado en Su nombre tenga un lugar en el reino celestial de Dios eternamente.

El arrepentimiento desempeña una función importante en la edificación de la fe en Cristo. Recibir la palabra de Cristo genera la fe necesaria para el arrepentimiento, y éste, a su vez, nutre la fe creciente. Mormón declara: “Y ha dicho: Arrepentíos, todos vosotros, extremos de la tierra, y venid a mí, y sed bautizados en mi nombre, y tened fe en mí, para que seáis salvos” ().

Por ejemplo, el misionero prudente deliberará en consejo y orará con su compañero en busca de inspiración en cuanto al curso de arrepentimiento que cada investigador deba seguir. Los misioneros planificarán su enseñanza de acuerdo con ello; con espíritu de oración, decidirán qué invitación o invitaciones hacer cada vez que se reúnan con el investigador; formularán sus lecciones en torno a la invitación y determinarán las doctrinas que el investigador necesite comprender a fin de aceptar la invitación que le hagan.

Los misioneros determinarán la forma de enseñar esas doctrinas a fin de lograr que sean lo más claras y convincentes posible para esa persona en particular; planificarán las maneras y los medios para hacer uso de todos los recursos disponibles, incluso la ayuda de los miembros, a fin de ayudar al investigador a cumplir su promesa de actuar en armonía con el principio o mandamiento en cuestión.

  1. Esta manera de enseñar y de testificar por parte del misionero es cómo conducimos a un investigador a través del proceso del arrepentimiento.
  2. Otro elemento esencial del arrepentimiento es el bautismo por inmersión, por medio del cual empezamos a tomar sobre nosotros el nombre de Cristo.
  3. Muchos versículos de las Escrituras hacen referencia al “bautismo de arrepentimiento” o “bautismo para arrepentimiento” (véase ; ; ; ; ).

Esas frases reconocen la doctrina de que el bautismo de agua es el paso final o supremo en el proceso del arrepentimiento. El renunciar al pecado, junto con nuestro convenio de obediencia, completa nuestro arrepentimiento; de hecho, el arrepentimiento permanece incompleto sin ese convenio.

Con dicho convenio, cumplimos los requisitos para recibir una remisión de los pecados mediante la gracia de Jesucristo a través del bautismo del Espíritu (véase ). Además, el convenio bautismal se aplica de manera prospectiva así como retrospectiva: cada vez que nos arrepentimos sinceramente, ese convenio se revigoriza y una vez más somos dignos de una remisión de nuestros pecados.

¿Qué tienen que ver estas ordenanzas y sus respectivos convenios con la edificación de la fe? La fe en Cristo es un requisito esencial para concertar convenios divinos, pero los convenios también aumentan la fe de la persona como no se podría lograr de otra manera.

  1. Por convenio, el gran Dios de los cielos se permite a Sí mismo estar obligado con cada uno de nosotros individualmente (véase ).
  2. En tanto que cumplamos nuestros convenios con Él, Él está obligado a concedernos un lugar en Su reino y, en el caso de los convenios superiores, la exaltación dentro de ese reino.

Él es un Dios que tiene todo poder y que no miente. Por lo tanto, podemos tener fe infinita de que Él cumplirá las promesas que nos ha hecho. Por nuestros convenios con Dios, podemos disfrutar de una fe en Cristo que tiene la fuerza necesaria para ayudarnos a soportar cualquier desafío o prueba, con el conocimiento de que, al final, nuestra salvación está asegurada.

Lo que he dicho en cuanto a edificar la fe en Cristo entre las personas a quienes los misioneros enseñan se aplica a todos nosotros. Nuestra fe en Cristo nace del Espíritu al oír la palabra de Dios que enseñan aquellos que son Sus siervos comisionados, tanto los que viven como los que han muerto. A medida que edificamos sobre ese cimiento, nuestra fe se fortalece por las oraciones de fe que han llegado a ser parte de nuestra vida diaria y, a veces, parte de cada hora de nuestra vida.

El seguir deleitándonos en las palabras de Cristo que se encuentran en el Libro de Mormón y en otras Escrituras aumenta y profundiza la fe que se originó en la palabra. El arrepentimiento arraigado en la fe nutre aún más nuestra fe a medida que se perfecciona la obediencia.

  • El arrepentimiento refuerza nuestro propio bautismo de agua y del Espíritu para producir una remisión de pecados cometidos no sólo antes del bautismo sino también después de él.
  • El servicio semejante al de Cristo a favor de nuestro prójimo es un elemento de importancia fundamental de la observancia de convenios que nutre la fe en Cristo.

Con el tiempo, nos damos cuenta de que las bendiciones prometidas por obedecer a Dios realmente se manifiestan en nuestra vida y que nuestra fe se ratifica y se fortalece. Lo que he estado describiendo hasta este momento es un nivel de fe que consiste en convicciones espirituales y que produce buenas obras, más específicamente la obediencia a los principios y mandamientos del Evangelio.

Ésa es la verdadera fe en Cristo y el nivel en el cual se debe concentrar la enseñanza a nuestros investigadores. Sin embargo, hay un nivel de fe que no sólo gobierna nuestro comportamiento sino que también nos da el poder de cambiar las cosas y hacer que suceda lo que de otro modo no ocurriría. Me refiero a la fe no sólo como un principio de acción sino también como un principio de poder.

Pablo declaró que ésa era la fe mediante la cual los profetas “conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros.

Las mujeres recibieron sus muertos por medio de la resurrección” (). Ésas son cosas grandiosas, pero en cierto modo, no más grandiosas que el conquistar una poderosa adicción u otro obstáculo comparable que impida la conversión y el bautismo. La clave para que podamos obtener poder mediante la fe es conocer la voluntad de Dios, preguntar cuál es y actuar de acuerdo con ella.

“Cristo ha dicho: Si tenéis fe en mí, tendréis poder para hacer cualquier cosa que me sea conveniente” (). No obstante, Él advierte: “si pedís algo que no os conviene, se tornará para vuestra condenación” (). La fe que ustedes tengan en Cristo crecerá de forma maravillosa a medida que día a día procuren saber y hacer la voluntad de Dios.

La fe, que ya es un principio de acción en ustedes, también se convertirá entonces en un principio de poder. La fe en verdad viene por medio del Espíritu; no obstante, como se indica en el Diccionario Bíblico en inglés: “A pesar de que la fe es un don, se debe cultivar y procurar hasta que, de una pequeña semilla, crezca al punto de convertirse en un árbol frondoso”.

: Edificar la fe en Cristo